Compra con seguridad en "El Oriental"

Seguridad ciudadana

Sector de Venta de Ropa, se puede apreciar lo difícil que es transitar en el Mercado, debido a que los tramos están en las calles. Foto: Maritza Tellería

El mercado Oriental es el más grande de Centroamérica. Miles de comerciantes y compradores lo visitan diariamente, ellos tienen que convivir también con los ladrones. ¿Qué hacer para comprar con seguridad?

Por Alba Baldovinos, Glenda Moncada, Maritza Tellería y Glomara Iglesias* | Jul 07, 2012

Las personas van y vienen y por diversos motivos todos convergen en ese sitio. Ahí el calor se siente a flor de piel y  el rey es él.  Es grande, un señor muy imponente, viste de colores y satisface todos los sabores, en sus bolsillos atesora un gran capital, de eso no hay ninguna duda.

Como en todo proceso de desarrollo el ahora “gran señor” inició con 2 manzanas de tierra, sí, estamos hablando del famoso mercado oriental, la rara combinación entre lo lícito y lo ilícito que todos y todas desean conocer.

Fue en el año 1931 cuando los productores de las Sierras de Managua llegaban a la capital a ofertar sus productos a comerciantes de otros mercados, tomando como referencia la esquina donde hoy se sitúa “La casa de los encajes”. Después del terremoto de 1972- el que azotó Managua- el oriental se expandió debido a la destrucción de los otros que habían en la ciudad, así,  se proliferó en las inmediaciones  de Ciudad Jardín.

Día tras día el inmenso mercado recibe a miles de  pobladores que llegan a comprar, a vender y porque no decirlo, a hacer sus fechorías. Es el centro de compras catalogado como el más grande de Centroamérica, ahí cada quien encuentra lo que busca, desde una aguja hasta lo más inverosímil.

Ese “gran señor”, el mercado oriental, traspasa de mano en mano 2 mil millones de córdobas al mes, lo  que representa el 20% del Producto Interno Bruto del país. Ahí llegan a ese personas de toda Nicaragua, es frecuente encontrar compradores de los departamentos que se movilizan a abastecerse de la variedad de productos, los que luego comercializan en sus lugares de origen, pero también hay otras personas que van a comprar artículos de uso personal, de uso doméstico e incluso a dar rienda suelta a sus instintos carnales.

Al “oriental” como se le conoce popularmente, también  le visitan compradores de Centroamérica, quienes atraídos por  rumores pregoneros, dan certeza que el sitio es multifacético y bastante accesible si hablamos del factor económico, por ello los foráneos no pierden la oportunidad de conocer con sus propios ojos, al “gran señor” que muy fortachón, se las ingenia para esconder bajo sus  manos, el valor real de sus menesteres, evadiendo los impuestos.

En medio del bullicio de los vendedores de colchones, de muebles, de artículos para el hogar, de los vende agua, entre otros, también se encuentran pintorescos personajes. Entrar al oriental para muchos se convierte en una odisea; algunas personas llegan con los bolsillos cargados de dinero y apenas han recorrido unas cuantas cuadras, cuando este ya se esfumó, no precisamente por haberlo invertido en las compras que idearon, sino porque una mano ajena, lo ha sustraído.

Yo entro con miedo, pidiéndole a Dios que me proteja, porque a mi hace dos años me robaron hasta me enfermé de los nervios, me pusieron pistola y cuchillo, se me llevaron dos mil córdobas, las chapas y el celular. Me desmayé y después no quería entrar al mercado, me golpearon, me caí”, son las palabras de Taurenia Zamora, una robusta mujer caribeña que vende pan y café, refiriéndose al populoso lugar.

“Disfrazar la apariencia” es la medida que toman los compradores honrados que van al oriental, para no ser víctimas de robo, el peor de los miedos que expresan. De 15 personas encuestadas el 86% dicen tener temor ante la falta de seguridad, aunque reconocen que ha mejorado un poco, en relación con años anteriores.

La seguridad humana es vital para tener una vida tranquila que permita a los ciudadanos movilizarse por diferentes espacios sin tantas preocupaciones, es una necesidad en la sociedad.

Según el Informe sobre Desarrollo Humano para América Central 2009- 2010 “Abrir espacios para la seguridad Ciudadana” en la versión educativa,  que presentó el mes de junio el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD, el Desarrollo Humano y la Seguridad Ciudadana van de la mano y  en el caso que una sociedad tenga menos oportunidades para desarrollarse, tendrá más delitos.

Haciendo un análisis, en el oriental la mayoría de los delitos que se cometen se dan a causa de los desajustes sociales. “Abrir espacios para la seguridad Ciudadana” señala dentro de estos, los desajustes demográficos que describe  hay muchos hombres y mujeres jóvenes sin educación, sin opción de ocupación y viviendo en zonas marginales.

En este contexto hablar de zonas marginales que rodean el centro de compras es echar una mirada al barrio Los Ángeles, el 19 de Julio o el barrio Buenos Aires. Algunos entrevistados comentaron que muchos de los delincuentes que hacen sus fechorías en el centro de compras, radican en los mencionados.

El cambista Pablo Antonio Medina que trabaja en el mercado, señala que los lugares donde opera más la delincuencia es el sector de El Calvario y el Gancho de Camino, a pesar que en este último está ubicada una estación de policía. Esta opinión la comparte Taurenia Zamora, ella agrega que las paradas de buses del sector, también son peligrosas.

Por consiguiente,  hablar de desajustes culturales,  que también son parte de los desajustes sociales que existen en una sociedad y que atentan con la seguridad que deban sentir los compradores y vendedores que visitan el oriental, se adhieren a  la falta de valores sociales, de ahí es que ya se asume como normal el consumo de alcohol y drogas, la violencia contra la mujer y el uso de armas, por ello la gente acepta la violencia como algo normal. Está claro que una sociedad con desajustes puede padecer más delitos.

 “Son mujeres de avanzada edad, maduras y entre ellas me impidieron el paso con bolsas, una me machucó, otra me hincó el ojo, otra me estaba apretando y con las bolsas no me dejaban ver. Como eran varias no me las pude quitar de encima. Cuando decidí tomar fuerzas y apartarlas de mí, sentí que alguien me tocó el pantalón y bueno fue por mi descuido, verdad que me lo puse ahí confiadamente, me sacaron el celular”, son las palabras de  Yasika Rodríguez, quien fue víctima de la delincuencia en la zona. Ella se refiere a las famosas gancheras que operan en el populoso mercado. 

“Trabajan con un sistema de “pasa mano”, entonces en cuestiones de segundos ya no tenían mi celular, busqué en todos lados y nadie… ya todo mundo sabía que eran las gancheras, eso fue por el sector de los electrodomésticos en el sector del Gancho de Camino, quiere decir que esas mujeres operan con una red bien extensa”, continúa.

Ante la pregunta ¿qué piensas se puede hacer para mejorar la situación en el mercado? Yasika responde “creo que es una situación de un poco de cultura, de solidaridad, porque todos podemos ser objeto de robo, entonces todos debemos ser consientes de que debemos de apoyarnos unos a los otros, y ayudarnos. Como no tenemos una autoridad que nos defienda en la calle, es decir, un agente policial, todos defendemos nuestro propio pellejo, entonces, cuando miramos un asalto o algo, más bien nos callamos y no ayudamos a la persona que está indefensa. Pienso que primero deberíamos de educarnos en pensar un poco más en el prójimo y ayudarlo, porque la unión hace la fuerza, y entre todos se puede detener a un delincuente. Y dos, yo creo que es muy importante que se desarrollen esas patrullas que se hacen en el mercado. Hay muchachos que no tienen trabajo, que aprovechan esta oportunidad. Pero esto tiene que tener más apoyo de la misma población, de los mismos comerciantes y también  a veces me parece como que es un territorio de nadie, donde no se mete la policía. Inclusive está cerca una estación de policía, pero uno se siente desamparado. Entonces, un poquito más de coordinación con el Poder Ciudadano, las autoridades, las mismas autoridades del mercado, creo que pueden ayudar a conformar una especie de brigada  que cuide, que supervise más, y cuando determinen qué personas son las que caen en estos delitos -pues que ya son famosas, son conocidas- advertirles  y aconsejarle a los comerciantes o a los mismos vendedores que le avise a la gente, por ejemplo, en mi caso me hubieran dicho: “Mirá, esas son gancheras, cuídate” concluye Rodríguez.

Yasika brindó sus comentarios y propone alternativas para la compra con seguridad como capitalina que va al oriental, pero Winton Morales quien vive en Juigalpa, comenta que desde hace 10 años llega al centro de compras para abastecerse de ropa nueva que comercializa en su municipio.

Cuenta que viaja cada 15 días según como estén las ventas y que lleva consigo entre 8 mil a 10 mil córdobas. Señala que cuando viaja a Managua va con temor que le vayan a robar en el mercado, siente inseguridad. Por tal razón, le gustaría más presencia de la Policía Nacional, sobre todo en la parte interna, ya que rara vez los observa dentro del oriental que es donde se dan más los focos de robo. Además sugiere un reordenamiento del mercado, ya que parece un laberinto y debido a este desorden, los ladrones se aprovechan.

Pero, ese estilo centro de compras  donde va el pueblo, donde se encuentra de todo en medio de callejones repletos de artículos y donde se ven rostros variados es lo que le gusta a Fernando Alpízar, un costarricense que cada vez que llega a Managua a visitar a la familia de su esposa, no pierde la oportunidad de pedir le lleven al oriental para hacer compras, ya que ahí encuentra todo barato. Alpízar describe este mercado como la mezcla de nicas que trabajan en un mismo lugar y con variados intereses, pero que debido a la gran cantidad de personas que ahí llegan se necesita mayor coordinación, para que los visitantes compren con seguridad.

Así mismo, Aracelly Sequeira de Juigalpa propone más presencia de los jefes de sector de la zona y de la Policía Nacional para que esta institución en conjunto con los propietarios de negocios del mercado realice planes en los que identifiquen a los delincuentes. Otra alternativa que sugiere es  que los vendedores del oriental brinden servicio de acarreo seguro, para que cuando los foráneos tengan que llevar su mercadería hasta sus  vehículos o taxis, se haga de forma segura.

La mayoría de los entrevistados y encuestados que visitan el mercado piden comprar con seguridad, desean que sus vidas no estén expuestas al peligro y que puedan movilizarse sin tantos riesgos.

Es importante destacar que la seguridad humana que anhelan los compradores y comerciantes que van al oriental, según datos plasmados en el Informe “Abrir espacios para la seguridad Ciudadana” del PNUD, también incluye protección contra males súbitos  que alteran la vida normal, como los terremotos, inundaciones, explosiones, incendios y que las personas se sientan protegidas por ante estos casos.

Pero, ¿qué se puede hacer cuando en el oriental hay miles de conexiones de cables eléctricos ilegales y no hay una supervisión, ni multas detalladas ante esta problemática? Casualmente en el año 2008 se dio un incendio en el que se vieron afectados 1500 negocios, el siniestro absorbió 10 manzanas de tierra y estimaciones sobre las pérdidas económicas se aproximaron a los dos mil millones de córdobas en un lapso de ocho horas. Todo ello se pudo disminuir, pero la falta de hidrantes y acceso a los callejones, imposibilitaron los trabajos. Todo  fue ocasionado por un corto circuito.

Tres años después en 2011, otro incendio atentó contra la seguridad de los visitantes y dueños de tramos. Trabajos de soldadura que se hacían en un establecimiento sin las debidas medidas de precaución, provocaron la propagación de las llamas. Una vez más la inaccesibilidad para adentrarse en los callejones y combatir el siniestro, obstaculizó la rápida intervención de los bomberos.

Por consiguiente, como parte de los planes ante contingencias que se deben establecer para garantizar la seguridad en el oriental,  Augusto Rivera- responsable de COMMEMA (Corporación de mercados municipales de Managua) comenta que en la actualidad se está elaborando un plan de seguridad ante desastres y otras eventualidades que se puedan presentar.  De acuerdo a Rivera,  se ha mejorado sensiblemente la seguridad, por lo que se cuenta de manera permanente con 52 compañeros de  la Policía Nacional y con 100 miembros voluntarios de las brigadas de los dantos y de las águilas, quienes en algún tiempo fueron transgresores.

Datos proporcionados por la dirección de Relaciones Públicas de la policía Nacional, revelan que en las estadísticas de los años 2009, 2010 y 2011 el modus operandus  de los asaltantes es: la intimidación, arrebato, golpiza. En su mayoría los artículos que roban son: dinero, celulares, carteras o bolsos. A veces productos variados como prendas, llantas de repuestos, radios de vehículos y materiales de construcción. Yasika Rodríguez es un ejemplo de esto.

Y así como algunos entrevistados lo comentan, las cifras que maneja la institución policial señalan que entre los  sectores mayormente peligrosos dentro del mercado están el Gancho de Camino (callejón de la muerte), El Calvario y en tercer lugar el sector del cine México. A la vez, detallan que las horas en las que se dan los robos son por  la mañana y al caer la tarde. Las armas que usan los delincuentes para realizar los asaltos en su mayoría son armas blancas (cuchillos, navajas) y en menor escala armas de fuego (pistola).

Por su parte, David Silva- director del Centro de Estudios de Seguridad Ciudadana, afirma que según las estadísticas el mercado oriental aparece punteando como uno de los lugares más violentos de Managua y más inseguros de Nicaragua. Los niveles de seguridad ciudadana son graves y comparte que el principal problema que se presenta, es la afluencia de personas que ahí llegan, ya que es el mercado más grande de Centroamérica.

Silva agrega que según un grupo focal que se realizó entre trabajadores/as del mercado, los expendios de licor y la venta de drogas operan las 24 horas, sin control. Esto forma parte de los desajustes culturales que contribuyen en la instauración de delitos.

Comenta que los ladrones que azotan el mercado están utilizando a niños para pasar las armas, los adultos cometen las fechorías y después pasan las armas a los menores, así cuando la policía investiga, a ellos no les encuentran nada. Otro problema detallado por Silva, es que en el oriental se están induciendo a los menores a prostituirse.

De acuerdo al último sondeo que este conoce, y que tiene que ver con la seguridad ciudadana se determina que no ha mejorado, se creía que el hecho de contar con algunas empresas de seguridad a lo interno del mercado daba alguna garantía, pero los mismos comerciantes señalan que están rodeados de delincuentes.

Según Silva, para ir disminuyendo la delincuencia en el oriental, los empresarios, vendedores, pobladores deben organizarse para que las medidas de prevención salgan desde el seno de ellos. Se puede hacer una concertación social entre instituciones del estado, comerciantes y pobladores para buscar una salida en conjunto.

Dentro del mundo de la rara combinación entre lo lícito y lo ilícito, en ese lugar donde todo se encuentra, ahí donde roban en una esquina y en la siguiente comercializan lo sustraído, donde para entrar debes disfrazar tu apariencia y donde la prostitución, el comercio ilegal, la venta de drogas y la evasión fiscal están a la orden del día; se necesita urgentemente crear planes y alianzas que brinden seguridad a quienes llegan al populoso centro de compras.

Ni mano dura ni mano blanda. Las soluciones a los elevados niveles de inseguridad en la región pasan por una “mano inteligente”, en el marco del respeto a la democracia y el Estado de Derecho, afirma el Informe sobre Desarrollo Humano para América Central 2009- 2010 “Abrir espacios para la seguridad Ciudadana”. La seguridad ciudadana es un desafío para el desarrollo humano, pero hay soluciones. No obstante toda estrategia debe considerar acciones preventivas y coercitivas, en un ambiente de coherencia entre el sistema de justicia y la estructura de valores civiles.

El Informe tomado como referencia para este trabajo, afirma que el fenómeno de la seguridad ciudadana es muy complejo y que precisa un abordaje preventivo, integral, que además para el caso particular de Nicaragua tome en cuenta su diversidad pluriétnica y  multicultural, incorporando el análisis de género para impulsar políticas públicas que consideren a los sectores vulnerables como la niñez, adolescentes, jóvenes, mujeres y poblaciones indígenas y afro descendientes.

Seguridad efectiva significa reducción de las tasas de criminalidad y del riesgo de ser víctima de un delito. Seguridad con libertad implica que los ciudadanos y ciudadanas no sientan temor y puedan desarrollarse en plenitud de capacidades.

Ya el sol se oculta y los vendedores de agua se han ido, pasa la señora que vende atol halando su carretilla, para ella su jornada empieza. Muchas personas caminan rápidamente para  salir, una mujer  se quita su delantal y cuenta precavidamente el dinero que ganó. Los dueños de tramos se aseguran de dejar bien  protegidos sus negocios, el saludo entre los guardas de seguridad que cambian de turno se deja entrever, uno contento porque su jornada ha culminado, el otro poco sonriente- sabe que tras el paso de las agujas del reloj la incertidumbre crece, salió de su casa y no sabe si regresará. La delincuencia se hospeda en la misteriosa noche, en la que duerme “el gran señor”.

*Los autores son estudiantes del Diplomado de Periodismo Cívico de la Universidad Centroamericana

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