Un corazón al servicio de la comunidad

Educación

Profesora Rosa Elena Bello. Foto de Elvis Bustos/Conexiones

San Juan del Sur no solamente ostenta una de las mejores playas del país y un paisaje costero paradisíaco; también presume al tener entre sus habitantes a una de las personas más abnegadas y entregadas al servicio por los demás

Por Elvis Bustos | Jun 27, 2012

En el “Instituto Libre para Adultos Margaret Morganrod” de San Juan del Sur, hay un nombre que todos conocen. No es el de la chica más bonita ni el de la más fea. Tampoco el de una directora regañona. Es el de la mujer, que a varias generaciones ha brindado la oportunidad de superarse: Rosa Elena Bello.

Para quienes la conocen, la vocación de servir de esta médico de profesión pero educadora humanista de corazón, ha permanecido como un sello indeleble en cada uno de sus actos, desde cuando tenía 17 años --ahora tiene 50--, en la época en que comenzó a regalar medicinas y enseñar las primeras letras en su pueblo natal, el municipio costero de Tola, en Rivas, a todo aquel que lo necesitara.

Fundó un colegio para la educación de adultos, un albergue para mujeres y niñas víctimas de abuso y una clínica para atender a gente de escasos recursos, una gesta, que en gran medida, estuvo inspirada por las enseñanzas del sacerdote español y guerrillero sandinista Gaspar García Laviana. Y es que en 1978, la profesora Rosa Elena se había integrado a un grupo organizado por el propio cura. “Él fue el motor que me ayudó a iniciar esta labor de justicia social”, relata.

1980 marcaría también su vida. La Cruzada Nacional de Alfabetización, que alimentó los corazones de toda una generación con nobles ideales, todavía permanece fresca en la memoria de la educadora. “Al convivir con los campesinos, me di cuenta de sus necesidades, y eso me motivó a buscar alternativas junto a ellos para que mejoraran su nivel de vida”, comenta con nostalgia.

Contra la violencia y el abuso

En el salón, “Camila”, de 16 años,  permanece acostada en su cama. Está convaleciente, pero sonriente. Dieciocho días atrás dio a luz a un bebé. “Nathaly”, de 15 años  y “Carmen”, de 14 años, se entretienen con su terapia elaborando manualidades. El hijo de “Nathaly” juega en el piso. (Hemos cambiado los nombres de las adolescentes con el objetivo de proteger su identidad e imagen).

-¡Muchachas, tienen visitas!- anuncia Jessica Mayorga, psicóloga y responsable del albergue “Centro Solidaridad”, fundado por la doctora Bello.

-¿Quién es?-, preguntan en coro.

- Es un joven que anda realizando un trabajo universitario. ¿Lo van a atender?

Nathaly y Carmen se giran y detienen por unos segundos su mirada sobre el visitante. Finalmente, responden:

-¡Si no hay problema, sí!

Este tono de desconfianza es producto del trauma que aún acarrean, como consecuencia del maltrato y el abuso que sufrieron.

Al inicio, la conversación transcurre sin tropiezos .Comentan que se sientan tranquilas, seguras, que se tratan como hermanas. Entonces, salta una pregunta que trata de indagar sobre su pasado. Es cuando pierden la sonrisa y deciden no conversar más.

“Es el reflejo del trauma”, explica la licenciada Mayorga.

“La Casa Solidaridad nació con la intención de albergar sólo  a mujeres víctimas de maltrato intrafamiliar, pero, en realidad, nos dimos cuenta que el abuso sexual tenía más incidencia, siendo niñas las principales víctimas de abuso sexual”, comenta.

Desde su apertura, en 2010, se han atendido más de 30 casos. Parte de esta atención consiste en un plan educativo personalizado, así como formación técnica en computación y bisutería. Asimismo enseñanza de inglés y danza, de manera que al salir “tengan una manera de subsistir”, añade Mayorga. “Incluso, al final del curso pensamos financiar una microempresa”, revela.

Mujeres alfabetizando a mujeres

En 1998, la doctora Rosa Elena Bello, lanzó la campaña de alfabetización “Entre mujeres”, que como su mismo nombre indica, consistió en la enseñanza de las primeras letras y palabras por parte de mujeres hacia mujeres. Dos años después, un total de 246 alfabetizadas obtuvieron su certificado de primaria.

El esfuerzo no terminó ahí: En vista de que las beneficiadas anhelaban seguir estudiando, Bello y compañía hicieron todo lo posible para obtener financiamiento y así, poder inaugurar un instituto de formación con modalidad sabatina.

Aunque, de hecho, no era la primera vez que Bello alcanzaba un logro como éste. En 1990 abrió las puertas del centro “Servicios Médicos Comunitarios”, dirigido a mujeres de las zonas rurales.

Emprender dicha tarea la enfrentó con una dramática realidad: El 60 por ciento de las mujeres que llegaban por atención no sabían leer ni escribir, de manera que ni siquiera podían leer las recetas.

María Silva, directora del “Instituto  Libre Para Adultos Margaret Morganrod”, explica que “en base a esa limitante, vio la necesidad de que esas mujeres aprendieran a leer, por lo que gestionó un programa de alfabetización”.

Hasta la fecha, en ese instituto se han bachillerado más de trescientos estudiantes. “Este año llegaremos a los cuatrocientos”, afirma con confianza la doctora Bello.

 

“Uno se siente satisfecho al retribuir a la comunidad”

Pero aún con esto, para la doctora no era suficiente. Y así, hizo las gestiones necesarias hasta transformarlo en un instituto técnico, donde se imparte Construcción Civil y Administración Turística y Hotelera.

Don Silvio Galán, con 45 años, cursa el tercer año para graduarse como “Técnico en Construcción Civil”. Sus palabras de agradecimiento son para la doctora Bello, ya que el curso “me permitirá tener mejores oportunidades en el campo laboral”.

El espíritu de entrega es tal, que los maestros que ejercen en el centro reciben un salario inferior al que paga el Ministerio de Educación. Pero “uno se siente satisfecho al retribuir lo que la comunidad nos ha dado”, afirma el profesor Héctor Díaz, director del curso Técnico en Administración Turística y Hotelera.

Inclusive, ni siquiera los compromisos familiares y dificultades para trasladarse impiden que los estudiantes asistan a clases. Es el caso de Araceli Guevara, madre de tres hijos y pronto de un cuarto. Originaria de “Pochote”, una comunidad lejana de San Juan del Sur, debe caminar dos horas para tomar el bus que la trae al instituto. “A veces, incluso, nos quedamos durmiendo en los buses, por el camino o los ríos”, con tal de poder realizar el trayecto y estudiar.

Tal es la necesidad de los “san juaneños” por aprender, y tal la voluntad de la doctora Bello por educar.

Labor reconocida internacionalmente

La labor social de la doctora Rosa Elena Bello ha sido reconocida inclusive en el extranjero. Por ejemplo, el pasado, la Universidad Brandeis, de Massachusetts, Estados Unidos, le otorgó el premio “Distinguida Visitante”.

En 2008, la Universidad de Simmons, Boston, también Estados Unidos, le otorgó el “Doctorado Honorifico en Servicio de Salud y la Educación”.

Según la doctora Bello, estos reconocimientos “nos compromete a ser cada vez mejor las cosas” y a “seguir luchando por las reivindicaciones sociales”.


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