Una vida venciendo barreras

Social

Pedro Pablo López al momento de recibir su título de Licenciado en Derecho en la UNICA. Foto: Archivo de Pedro López

Pedro Pablo López nació sin brazos ni piernas, pero eso no lo hizo claudicar. Actualmente es abogado y trabaja en el Consejo Supremo Electoral.

Por Elvis Bustos | May 29, 2012

Pedro Pablo López tiene 35 años. No tiene manos ni piernas, pero eso no ha sido impedimento para lograr una profesión, un trabajo y una familia. Esta es la historia de él, de cómo logró sus éxitos.

A pocos días de empezar el invierno – cuando el calor sofoca a cualquiera- una suave brisa refresca el clima de la capital, el sol ocultó –y en la rutina de todos los días- Los carros van y vienen lentamente -pues las carreteras están congestionadas por ser la hora pico-.

A lo lejos se mira la llegada del autobús número 119 que viene cargado de gente –tal vez por eso se detuvo más allá de la parada de bus- a pesar de ello,  las personas en su afán por llegar a casa corren tras del bus a las seis de la tarde.

Pedro Pablo no se pierde ni un solo detalle de ésta rutina. Su estratégica ubicación se asimila a la mejor fila de taburetes en una sala de cine en el estreno de una premier galardonada por los Premios Oscar. Al igual que un rey todos le rinden veneración con sus miradas…mientras, Pedro Pablo conversa con un vendedor de caramelos – pues, esas miradas no le interesan-.

Treinta minutos después  que partió la ruta 119 se detiene otro bus que se dirige a la Comarca “Los Vanegas”  -también viene cargado de gente-  pero a Pedro Pablo no le importa porque es la hora de partir  y enrumbarse a  casa. Se baja de la banca y camina apresurado a treparse al bus que lo llevará a la parada del Edificio de Telefonía Celular: Movistar donde tomará otro bus que lo llevará a “Las Sierritas de Santo Domingo” (al sur de Managua, sobre la carretera a Masaya).

En el interior del bus Pedro Pablo capta la atención de todos los pasajeros que viajan en este - porque pese a no tener sus piernas y brazos utiliza el servicio de transporte público sin complicación como cualquiera de ellos-.

Al final del pasillo un pasajero le llama proyectando su voz con intensidad: “¡señor, señor, venga a sentarse aquí! Pedro acudió al llamado y de un salto ya estaba sentado cómodamente.

Vida contracorriente

A sus 35 años Pedro Pablo es licenciado en Derecho gracias a que cuando estaba en tercer año el Banco Central de Nicaragua (BCN) le otorgó una beca en la Universidad Católica (Unica).

Junio 1977, la niñez

Samulali, Matagalpa. Un chisme corre entre sus pobladores: “La Martha Rizo tuvo a un niño deforme.” Pero ésto no amedrenta a doña Martha  quien ve a su hijo como cualquier otro.

El apoyo de Martha  es incondicional para con Pedro Pablo. -Para este hombre que tiene que vencer día tras día las barreras arquitectónicas y culturales de la sociedad donde nació- Martha es el motor que lo motiva a vencer los retos de la vida sin renegar de su condición física.

 “Mi madre nunca me consideró un inválido, me enseñó a valerme por mí mismo”  cuenta Pedro Pablo con un rostro cargado de nostalgia.

A los siete años Pedro Pablo ingresa a la escuela, donde asiste "gateando" porque la calle es de piedra y no puede mantenerse de pie. Pero él ya sabe leer y escribir, su madre, que apenas cursó el cuarto grado de primaria le había enseñado.

En la escuela primaria era objeto de burla de sus compañeros de clase, pero más que hacerlo claudicar lo ayudó a desarrollar su fortaleza interior y a lograr sus metas, la de graduarse en sexto grado.

En secundaria todo cambia. Sus compañeros ya no lo discriminan y más bien, le piden ayuda para realizar los trabajos de clase pues era uno de los mejores alumnos.

La primera fotografía

A primera vista se aprecia una calle revestida de piedra con nueve niñas -en segundo plano- y un joven que caminan sobre ella –en primer plano-, regresan de la escuela a su casa bajo el inclemente sol.

Al lado derecho de esta calle, el tronco de un árbol y sus ramas regalan sombra a los caminantes -Pedro Pablo, poniendo un cuaderno sobre sus cortas piernas lastimadas por las piedras, decidió descansar pues ha llegado al punto que ya no puede mantenerse en pie. Viste de uniforme azul y blanco. Justamente este instante, a los 24 años de su vida es el que se registró en una fotografía que aún preserva.

“No tengo fotos de pequeño porque me entristecía que me tomaran fotos” concluye el comentario Pedro Pablo quien a sus 37 años  ya ha superado este trauma.

Llegar a la Universidad

De joven,  Pedro Pablo se preguntaba a sí mismo ¿qué podía estudiar en la universidad al finalizar la  secundaria? pues estaba consciente que por sus limitaciones físicas debía ser selectivo con la carrera profesional que iba ejercer de futuro.

 “Una persona me dijo que podía estudiar Derecho porque me podía apoyar una secretaria” dice Pedro Pablo sonriente y agrega con firmeza “desde en ese momento me propuse ser un buen estudiante para conseguir una beca y ser un profesional para luchar porque se respeten los derechos humanos en el país”.

En el 2001, Pedro Pablo concluyó la secundaria en el Instituto  “Monseñor Julián Luis Barni”, en Samulali, Matagalpa. Un año más tarde, se traslada a la capital para continuar sus estudios en la Universidad Católica (Unica) donde egresó como Licenciado en Derecho.

“Con la gracia de Dios y el apoyo de muchos amigos para el año 2009 culminé mi Licenciatura”  se lee en la autobiografía de Pedro Pablo, colgada en su muro de Facebook.

Actualmente, con mucho sacrificio y dificultades Pedro Pablo se traslada desde las Sierritas de Santo Domingo hasta el reparto Las Palmas, en el centro de Managua, donde labora como técnico en cedulación en el archivo nacional del Consejo Supremo Electoral (CSE).

“Nunca se me ha ocurrido pedir limosna. Aprendí a no ver lo que me faltaba y agradecerle a Dios por lo que me ha dado, el desarrollo de mi mentalidad”, expresa con seguridad y orgulloso de sí mismo.

Durante el tiempo que Pedro Pablo ha laborado en el CSE ha sido un excelente trabajador. En una ocasión, incluso lo premiaron como uno de los mejores trabajadores. Pese a ésto su contrato es temporal. Cada dos o tres meses lo renuevan.

 “Le pido al gobierno que si me llegan a quitar de esta institución me ubique en otra” afirma un poco preocupado pues se acerca el vencimiento de su contrato.

La carencia de sus extremidades ni siquiera en el amor es una limitante para Pedro Pablo. Durante los últimos dos años de su bachillerato conoció el amor por primera vez, y conquistó a la joven Flor Ivania López, a la cual amó con todo su corazón, pero la tuvo que abandonar  al emigrar a Managua para continuar sus estudios universitarios.

Aunque parezca  sorprendente Pedro Pablo pese a carecer de sus manos tiene una excelente caligrafía, “hay quienes me dicen que escribo mejor que ellos” expresa sonriente y lleno de orgullo.

El formar una familia y hacer una maestría son algunos de los propósitos que Pedro Pablo tiene para futuro.

Este hombre que es un ejemplo para toda la sociedad, está confiado de que cada día se tienen que reducir las barreras discriminatorias y arquitectónicas para las personas con discapacidad motora.

* Elvis Bustos es estudiante de Comunicación Social de la UCA y pasante de Conexiones.

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