Juntas contra la adversidad

Social

Samanta y su mamá durante una sesión de rehabilitación en Los Pipitos. Foto: Mauricio Miranda/Conexiones

Esta es una historia que demuestra, cómo lo que para muchos puede significar un obstáculo, para otros es un motivo para salir adelante

Por Angélica Fajardo y Mauricio Miranda | Apr 30, 2012

Para Lesbia todo transcurría normal. Tras dos años de estar casada, esperaba con ansias el nacimiento de su hija, y asegura que “nunca imaginé que naciera con esa condición, porque en los chequeos del embarazo nunca me dijeron que la bebé venía con alguna discapacidad o que presentaba algún problema”.

En la espera de un parto natural, y después de varias horas con los dolores, fue ingresada de emergencia al quirófano para que le practicaran una cesárea porque según el doctor “la niña se estaba ahogando”.

Lesbia recuerda el temor que sintió porque además el corazón de la niña no se escuchaba, y, peor aún, el cordón umbilical lo tenia enrollado en el cuello.

Aunque en los últimos momentos hubo complicaciones, tanto madre e hija, en teoría, estaban bien, pero por razones de seguridad la niña fue trasladada a una sala especial para mantenerla bajo observación.  

Al día siguiente del parto, los doctores comenzaron a interrogar a Lesbia de una manera inusual: ¿Fuma? ¿Toma? ¿Se droga? ¿Cuántos años tiene el papá? ¿Quién es el papá? Preguntas que le hacían sospechar que algo no estaba bien y que inclusive ella misma se preguntara: “¿Cara de que me miran? ¿Por qué me hacen ese tipo de preguntas?”.

El equipo médico se resistía a brindarle explicaciones sobre el estado de la niña, aunque el papá ya había sido informado.

Un recuerdo triste que Lesbia conserva tras el nacimiento de Samanta, fue la manera en que las enfermeras del hospital le informaron de la condición de la niña.

Sin mayor prudencia o delicadeza, ellas le dijeron: “Tu niña nació jorobadita”, refiriéndose, a que Samanta había nacido con Síndrome de Down. Como Lesbia no comprendió al inicio lo que querían decirle, una de ellas se encargó de remarcarlo de una manera más ofensiva todavía: “Es que tu niña es mongolita”.

Lesbia comenta que ante la noticia su primera reacción fue la negación, porque a simple vista la niña se veía como cualquier bebé.

Debido a la manera despectiva con que Samanta era atendida en el hospital, Lesbia decidió no asistir más a los chequeos respectivos, lo que provocó que poco a poco la niña se aislara.

Pero ambas tenían que enfrentar un gran reto. A los tres años de edad, Samanta expresaba su inquietud de ir la escuela, lo que generó cierta incertidumbre en su mamá: ¿Sufriría discriminación? ¿Sus compañeritos se le burlarán? ¿Las maestras podrán atenderla de manera adecuada?

Tuvieron que transcurrir siete años desde el nacimiento de Samanta, cuando su mamá finalmente, tras atender las sugerencias de compañeros y familiares, decidió visitar Los Pipitos, en búsqueda de ayuda especializada y de esa manera iniciar una nueva etapa en la vida de su hija.

Al llegar a las instalaciones se sintió como en casa, sin que la cuestionaran, la rechazaran o la juzgaran; se sentía comprendida respecto a la condición de su hija.

Desde entonces, Samanta ha recibido terapias de lenguaje, musicoterapia e hidroterapia, lo que ha sido un factor clave en su desarrollo.

El acompañamiento constante y la persistencia de Lesbia para que su hija lograra avances en las terapias, poco a poco la involucraron a apoyar dentro de la misma organización, al punto que ahora es coordinadora del Centro de Estimulación Temprana de Ciudad Sandino.

A sus doce años Samanta disfruta con sus clases de baile, las lecciones de natación y con las tareas de la escuela, demostrando, que el Síndrome de Down no ha significado un obstáculo para que ella y su madre tengan una vida normal, sino más bien, manifestando con su ejemplo, cómo una adversidad se transforma en una razón para estar más unidas.

Historias como estas reafirman lo positivo de la organización del Teletón en nuestro país, ya que gracias a lo recaudado es que personas como Samanta y Lesbia pueden recibir el apoyo que necesitan para salir adelante. Este año el Teletón 2012 se fijaron como meta recaudar veinte millones de córdobas, lo cual fue superado al haber recaudado -según los organizadores- la suma de 21.057,236.41 córdobas a la medianoche del viernes 27 de abril.

Según el sitio web de la Fundación Teletón "los recursos serán destinados al mantenimiento y desarrollo de los servicios integrales que se brindan en los Centros de Rehabilitación de Estimulación Temprana que  opera Teletón Nicaragua y la construcción del Centro Regional de Rehabilitación y Educación Temprana de Chontales".

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