Los gritos que nadie escucha

Educación

Aclaración: las imágenes de estudiantes en clases utilizadas para este reportaje, pertenecen al archivo de Conexiones y no corresponden al colegio del cual se hace referencia en el texto.

Una maestra revela a Conexiones los casos de violencia y agresión que sufren los estudiantes, sin que nadie intervenga para evitarlos

Por Mauricio Miranda | Mar 20, 2012

Segunda parte

Los niños se agrupan alrededor de la basura atascada en el canalete del patio del colegio. Es evidente que la tarea requiere paciencia y mucha voluntad. El primer muchachito no pierde la oportunidad y sale corriendo. El segundo, un chavalito de unos nueve años levanta la vista y se queda mirando a su compañerita --quizá tres años mayor que él--, casi invitándola a que comience, en vista de que ella ya tiene la escoba en las manos. La niña no le dice nada, pero le responde con un gesto de pacto: comienzo yo y seguís vos. El muchachito asiente y baja de nuevo la mirada. Arruga la nariz: el hedor es penetrante, nauseabundo, insoportable.

La niña, que luce un peinado de cola de caballo y lleva su uniforme bastante planchado pese a que ya es la hora de salida, le pide que se haga a un lado y de una vez comienza la limpieza. No se puede ir hasta que la canaleta del desagüe, que atraviesa perpendicularmente por un extremo los pabellones de aulas, esté liberada. Sus frágiles brazos se tensan cuando arrastra con la escoba las hojas podridas, las bolsas de jugo y de meneitos, los desperdicios de comida y los pedazos de plástico que con el agua estancada forman una masa negra de lodo y porquería pestilente.

Después de varias barridas, la estudiante logra despejar un poco el canalete, se detiene, y busca a sus espaldas a su colega “voluntario”. “¡Este jodido se fue!”, se dice a sí misma, indignada cuando se convence de que solita tendrá que asumir toda la responsabilidad. El hedor irritante de la basura pareciera exacerbarse con el sopor de mediodía. Son las doce y cuarto, la hora infernal.

Pero mi espera ha terminado. La maestra se despide de la madre de un estudiante, y me llama desde la puerta del aula donde ha pasado dando clases las últimas cinco horas: “Venga pues, hablemos”.

El salón de clases es un pequeño caos contenido dentro de aquellas paredes rayadas y persianas incompletas. Los estudiantes al salir dejaron los pupitres revueltos y apretujados, como si ahí hubiera ocurrido un duelo violento de carros chocones. En la pizarra verde están escritas las asignaciones de Español y a duras penas se sostienen con masking tape las cartulinas de colores con las exposiciones del día.

El rostro de la profesora lo dice todo; en lugar de recibir a un periodista, preferiría marcharse para descansar. 

Sólo me pide una condición: no quiere su nombre publicado en el artículo. Y tampoco que se mencione el nombre del colegio, porque antes le pidió permiso a la directora para hablar conmigo, y la respuesta fue un rotundo “NO”.

Esa es la norma ahora en las escuelas, según me han dicho ella y otros docentes: prohibido hablar con periodistas sobre las condiciones en las escuelas, como el hecho de que una sola aula se logran acomodar hasta 70 alumnos cuando lo recomendado son 40; sobre el deficiente rendimiento de los alumnos; sobre el nombramiento de directores por motivos políticos, y desde luego, sobre los casos de abusos hacia los alumnos que se están reportando en las aulas, y que sin embargo, se están ocultando.

A continuación, la entrevista con la maestra de cuarto grado, a quien llamaremos “profesora Karla”, realizada en una primaria pública ubicada en zona noreste de la ciudad de Managua.

CONEXIONES: ¿Cómo valora las prácticas pedagógicas de los docentes en este centro?

“PROFESORA KARLA”: Respecto a eso, el que la está “embarrando”, es el maestro.

¿Por qué?

Mirá: nosotros a veces decimos que el responsable es el padre de familia. Pero nosotros tenemos una función que cumplir. Tenemos que estar pendiente del chavalo, que aprenda, que se logre el objetivo. Agotar  todas las estrategias, pero no todos lo hacemos. Es necesario concientizar, sensibilizar al maestro.

¿Cómo describiría la actitud del maestro hacia el estudiante?

Negativa. Negativa. Cuanto está grande el chavalo y se ve que va a repetir, yo veo que hay un maltrato sicológico. A veces, si el niño comienza a dar problemas, ese maestro le pone “tema” para todo el año, y le pone quejas y quejas a los padres, hasta que se lo “vuela”, lo aplaza. Eso sucede mucho aquí. Somos como cuarenta y cuatro maestros aquí. Yo diría que eso ocurre con el setenta por ciento de ellos.

¿Quiere decir que hay una especie de agresión sicológica?

Fijate que había un niño de diez años, que sacaba hasta cuchillo. A varios maestros amenazó. Es que sus hermanos son drogadictos, entonces todo lo que mira lo absorbe y aquí lo viene a reproducir. Tenía la boca bien “sucia”. Ahora lo tengo yo, en cuarto grado. Pero a inicios de año nadie lo quería agarrar. Yo le dije a la directora que me diera a los niños más problemáticos para trabajar con ellos, porque lo siento, porque también tengo a mi hijo y me gustaría que también reciba educación de calidad.

El primer día de clases, cuando hicimos la presentación, dice: “Quisiera que fuera diciembre”. ¿Y por qué?, le pregunté, si estamos iniciando. Me dijo: “Es que quiero quemarme una mano con triquitraca, para que mi mama me mime, que me dé de todo, y que me abrace”.

Entonces vine, lo abracé bien fuerte. Y el niño, ahora se porta bien. Y le comenté a la mamá esa anécdota. Lo que pasa es que los niños carecen de afecto. Así los mandan los padres a los niños, sin afecto.

¿Entonces además de la situación que pueden estar atravesando en casa, aquí el maestro tampoco los ayuda?

No hace nada y no investiga por qué el niño se porta mal. Tengo varios casos que los voy a denunciar ante el Ministerio de la Familia. Tengo casos de niñas que se dejan tocar de los mismos chavalos y hasta comentarios sobre ellas que he escuchado en la calle.

He visto también a chavalos que se tocan el ano entre ellos mismos. Tengo cinco casos de esos. Ellos están siendo abusados en su casa, sexualmente.

He visto casos de chavalos de veinte años que han violado a niños pequeños. Hace tres años metí preso al papá de una niña de seis años, que la estaba violando.

¿Quiere decir que en este ambiente ve a jovencitos que muestran indicios de que están siendo abusados?    

Yo sé. Los conozco. Los detecto. Mirá: cuando los muchachos se tocan el ano es porque están siendo abusados. O cuando hacen ciertos gestos con la boca. O cualquier cosa de vulgaridad: que el semen, que aquí, que allá.

El problema es que nosotros apenas tenemos dos horas de clases de Moral y Cívica, entonces la convivencia, los valores, se dejan a un lado. Lo que más se ve en la semana es Lengua y Matemática. Pero convivencia se debería de dar durante toda la semana, para hacer hincapié.

¿Pero qué seguimiento se les da en el colegio a estos casos?

Es difícil que un chavalo te diga de primas a primeras “sí profe, me están tocando”. Primero me tengo que ganar la confianza de ellos, hablándoles así como ellos hablan, pero después, si veo un indicio serio, les pregunto ¿quién te está tocando? Se quedan callados. Y al suave les voy preguntando, hasta que me dicen.

Tengo a una niña que sé que la están violando. Tengo a otra que todavía no, pero se siente que está pegando un grito desesperado. Los chavalos la tocan. Yo le digo que se dé su lugar, ella lo niega, pero yo veo. Entonces le pregunté que quién la estaba tocando en su casa, y ya me contó que es un sobrino de su padrastro. Me contó que la ha tocado un montón de veces y que le ha pedido que hagan “aquello”. Le pregunté que a quién le ha dicho, y me dice: “A mi mamá, pero no me cree. Dice que soy mentirosa”. Según me confesó la chavala, hasta ahora no la ha introducido (violado), pero ya le advertí que los violadores los tenemos en la casa. Esta situación me la tiene desconcentrada de las clases.

¿Cuántos casos ha visto así?

Montones. Entre 25 y 30 casos, en los 26 años que tengo de dar clases. Lo que pasa es que hasta ahora he estado denunciando, porque antes había violaciones y yo iba corriendo a decirle a la directora, pero ella me decía que me callara, para que el colegio no se viera afectado.

¿Ha habido casos de profesores abusivos?

No. No. Porque la directora nos dice: “Las mujeres y los varones, cuidado me enamoran a las muchachas, porque si no…”

¿El maestro no tiene un interés en resolver estos problemas?

Hay maestros que me han contado, que han sabido de situaciones, pero que no las denuncian. Violaciones, aquí mismo. Nosotros en la hora de recreo siempre cuidamos. Pero en la tarde había esas violaciones entre chavalos. Chavalos con chavalos.

Aquí han vendido droga también. Yo le dije a un profesor para que me ayudara, que me apoyara. Me dijo: “No te metás en eso, vos estás loca”. Yo le dije: la venden, la venden. Yo miré al muchacho aquí adentro, porque tenemos también chavalos de expendio. Ahora esos alumnos están en la tarde.

Tenemos niños bastante sanos, pero también tenemos a chavalos que traen droga de sus casas.

¿Se está corrompiendo el ambiente?

Sí, pero nadie lo da a conocer. Al maestro no le importa la juventud, que se pierda.

¿No hay iniciativa de los maestros para tratar estas cosas?

No. Es que no es vocación lo que tienen. Porque en el magisterio aceptan a cualquier persona para que dé clases. Como que la carrera que hemos elegido la menosprecian.

Aquí tiene que ver el interés del ministro de Educación. Si un maestro dice que quiere estudiar sicología para ayudar, él te dice que no, te cierra las puertas. Incluso yo quería estudiar, y me dijo que no porque no era una carrera de Ciencias de la Educación. Que si fuese Matemáticas o Español, me daba la beca.

Entonces, lo que hace el gobierno es pagarle a la gente para que sirva de consejero. Pero no es igual a un sicólogo, porque éste te diagnostica.

¿El papel del consejero escolar no es suficiente?

No, para nada. Aquí había dos consejeros y más bien renunciaron, porque es mentira. Es por lo mismo, no tienen vocación de servir, no les interesa. Y además, como no hay dinero.

 

Arríen: “Hay que apuntar hacia una buena autoestima”

El proceso de aprendizaje de un estudiante de ninguna manera podrá ser integral y efectivo, si no se establece una relación de respeto y de buena comunicación entre padres de familia, docentes, director de escuela y alumnos, aseguró Juan Bautista Arríen, director del Instituto de Educación de la Universidad Centroamericana (IDEUCA).

El doctor Arríen destaca que “el proceso educativo es una permanente educación de personas” en el cual el ambiente psico-afectivo y psico-emocional del centro escolar “juega un papel fundamental”.

“En ese proceso deben de predominar las relaciones humanas sanas, fluidas, respetuosas, porque los dos, tanto maestro como alumno, son personas”, indicó. En cambio, señaló que si existe violencia y maltrato entre ambos “estás quebrando las relaciones humanas, por lo que hay que tener buena comunicación”.

“Hay que apuntar hacia una buena autoestima del estudiante”, dijo Arríen a Conexiones.

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