Matagalpas, entre el saqueo y el olvido

Cultura

Los matagalpas, indígenas aguerridos del norte de Nicaragua, continúan luchando por el derecho a las tierras y el fortalecimiento de sus culturas. Sin embargo, el machismo se incrusta en sus vidas como parte de sus costumbres, y es un reto que comienzan a enfrentar las mujeres de esa tribu

Por Nery García | Aug 04, 2011

Por Nery García

nerygarcia@conexiones.com.ni

 

Eran tiempos de la conquista, era el año 1527. Una persecución feroz era el desasosiego de la tribu indígena Matagalpa, quienes al igual que sus vecinos eran asediados por las tropas españolas para despojarlos de sus riquezas y convertirlos en esclavos, someterlos a su religión y atropellar su cultura.

Ante tanta incertidumbre y sangre derramada, el cacique “Atahuelca” imploró a los reyes de España cesar el ataque constante en contra de los pueblos indígenas del norte, pero la misericordia pretendida tenía un precio: los matagalpas debían entregar 500 tostones (barras de oro) y unas 25 piezas de oro adicionales. El cometido fue cumplido.

Los pueblos indígenas no lograron su emancipación en ese momento. Sin embargo, el rey de España, Carlos V (1520 - 1558), decidió entregar títulos reales a los indígenas y mandó a amojonar (señalar límites de las tierras) 83 mil 675 manzanas con 7 mil 427 varas cuadradas, de acuerdo a los datos registrados por la Comunidad Indígena de Matagalpa (CIM).

Después de la independencia de la colonia española en 1821, y casi 200 años después, en la actualidad, muchas de esas tierras han sido usurpadas por terratenientes y gobiernos que han pasado desapercibido esos títulos, cuyos manuscritos son conservados con recelo por los indígenas del norte del país.

La expoliación de las tierras indígenas comenzó con auge en 1858 cuando el general Tomás Martínez, presidente de Nicaragua en ese entonces, en su afán de promover una cultura de agroexportación y considerando las tierras norteñas un terreno potencialmente explotable para ese propósito inició el despojo de los terrenos, en los que desarrollaron el cultivo del café, el cual tuve mayor auge en el gobierno del general José Santos Zelaya (1893 - 1905).

Despojados de tierras

A Matilde Ramos, indígena originario de la comunidad Matasano (Matagalpa) y asesor del CIM, le indigna el saber que muchos indígenas han sido engañados con sumas irrisorias de dinero a cambios de las tierras. Ramos, quien también es miembro de la Coordinadora de los Pueblos Indígenas de Muy Muy, Sébaco y Jinotega, dice que registran 4 mil 113 manzanas vendidas y un sinnúmero que han sido usurpadas.

“Aquí está muy fuerte lo que son los traficantes de tierra. (Los indígenas) viven en constante conflicto con los grandes terratenientes, donde se practica mucho el tráfico de influencias y se maneja también los términos políticos, sin embargo, estamos entrando en un proceso de lucha”, dice con ahínco Juan Vilches, presidente del CIM.

Se estima que entre las localidades de Terrabona, San Dionisio, Esquipulas, San Ramón y Matagalpa la comunidad indígena supera las 75 mil personas; y por cada 10 indígenas, al menos seis han perdido sus tierras. Muchos alquilan parcelas para sembrar el tradicional maíz y fríjoles para subsistir, pero su fragilidad se acentúa más cuando alrededor del 40 por ciento de esa población es analfabeta.

“Estamos en el proceso de hacer un censo, vamos hacer un diagnóstico para detectar la problemática y las necesidades enfocado en la educación”, se compromete Villches, de de pie, junto al río San Ramón, en donde el agua que recorre la rivera es utilizado aún por indígenas de la comunidad -- que tiene el mismo nombre del afluente --, para bañarse y lavar sus ropas, como lo hacían sus ancestros.

Zadrach Zeledón, alcalde de Matagalpa, promete trabajar para el desarrollo cultural de los pueblos indígenas. “Tenemos un proyecto de cultura, recuperar las casas indígenas donde dormían cuando bajaban. En algunas de ellas hicimos edificios nuevos, para que tuvieran su propia gestión, para fortalecer sus consejos de ancianos, autoridades propias, de comarcas y reconocer lo títulos reales”, refiere.

Maritza Centeno, descendiente de la casta indígena de Matagalpa, exige que los gobiernos, incluyendo el actual, debe reconocer los títulos que entregó la colonia: “porque se los compramos con oro, que se reconozca la existencia, esencia y los territorios de los pueblos indígena en los 22 pueblos ubicados en el pacífico, centro y norte del país”.

Los guerreros matagalpas

Los indígenas de Matagalpa son descendientes de la tribu Chontal, que en tiempos antes de la colonización española eran vecinos de los Mayas, en Guatemala, y que luego habitaron la región central y parte del Caribe de Nicaragua.

Los matagalpas, como descendientes de los chontales se asentaron en los lugares conocidos como: Susucayan, Apali, Mozonte, Alcayan, Tapacusi, Caulatu, Quilali, Apasupo, Yalagüina, Palacagüina, Condega, Sébaco, Metapa, Matagalpa, Molagüina, Solingalpa, Jinotega, Abay (San Ramón), Yasica, Muy Muy, Teustepe, Juigalpa y Acoyapa.

De acuerdo a las crónicas de indias, los matagalpas – quienes tenían su propia lengua también denominada matagalpa --, fueron una de las primeras tribus en defender su independencia al tener combates frontales con las tropas comandadas por Francisco Hernández de Córdobas, cuando éste hizo un primer intento de adentrarse a esas tierras en 1525.

Homenaje a indios flecheros

Ramos revive la historia al recordar que los denominados indios flecheros son una prueba de ese espíritu de guerreros y defensores de sus libertades. El 14 de septiembre de 1856 un grupo de 60 indígenas matagalpinos, junto a otros 100 hombres defendieron bajo el comando del general José Dolores Estrada la hacienda San Jacinto, -- ubicada 39 kilómetros al norte de Managua --, de 300 filibusteros dirigidos por el norteamericano Byron Cole.

El 12 de septiembre de 2010 los restos de tres indios flecheros fueron regresados por el Instituto Nicaragüense de Cultura (INC) y las autoridades del Ejército de Nicaragua a Matagalpa. Las tumbas fueron excavadas en meses anteriores, como parte de una investigación iniciada en 2008, según explica el arqueólogo del INC, Juan Bosco Moroney.

Ese mismo día, decenas de indígenas de los diversos pueblos realizaron un ritual en el local Monumento Héroes y Mártires de Matagalpa. El consejo municipal de esa comuna emitió la resolución 090910 – 78 en la que declaran héroes Matagalpa a los tres indios flecheros.

¿Reivindicación de mujeres indígenas?

A diferencia de otras tribus, la comunidad indígena de Matagalpa no incluye a mujeres en su jerarquía. Sus miembros argumentan que esa es parte de la tradición heredada de sus antepasados y no pueden quebrantarla.

Nacida hace 42 años en la comunidad de San Pablo, Matagalpa, la indígena Sixta González, comenta que efectivamente las mujeres siguen ocupando los espacios de aman de casa y al cuido de los hijos. Ella tiene siete hijos y aunque todos van a la escuela, ella apenas sabe leer y escribir, y ayuda a su esposo a sembrar maíz y fríjoles en el campo, además de hortalizas.

“Aquí los varones maltratan a las mujeres, a veces nos pegan, a veces no nos dejan participar en las reuniones, cuando hay reuniones de organismo no nos deja. Entonces, todavía hay machismo en la comunidad”, se queja González.

Marlen Fajardo, abogada del Colectivo de Mujeres de Matagalpa, da fe que el machismo continúa afectando a las mujeres indígenas, y por eso, asevera que es importante que ellas estén organizadas para defender sus derechos en materia de educación, salud y vivienda. Sin embargo, reconoce que hacen falta mayores esfuerzos.

Las comidas y bebidas

Indígena del poblado Yúcul (Matagalpa), Natalia Rodríguez, de 55 años recuerda los “viejos tiempos”, cuando sus antepasados hacía sopa con albóndiga, nacatamal y otras bebidas como pozol, la chicha, el tiste para alimentarse. Esas comidas y bebidas son propias de la cultura indígena, reafirma la señora.

“Para cocinar no se usaba trastes como ahora que tenemos peroles, sino que teníamos la tradición de las ollas de barro para hacer la sopa, para hacer la chicha; no se comía en plato, anteriormente se daba en unos guacales, no se acostumbraba la sal sino el chile para hacer la sopa”, dice Rodríguez.

Para hacer la tradicional cususa, “el maíz se pone el maíz a cocer que no esté muy nacido, se pone el maíz a remojar por tres o cuatro días, se puede moler o no.  Si no se muele lo dejan en remojo y lo cuecen, lo hacen como “martajadito”. Lo dejan cosiendo para fermentar y debe dejarse tapada para que no se salga el sumo. Luego se saca, se cuela y se empaca hasta que está fuerte, que es el licor. 

La medicina natural, una tradición indígena

El 29 de marzo reciente, los diputados ante la Asamblea Nacional aprobaron la Ley de Medicina Tradicional Ancestral, en la que el Estado nicaragüense, en particular el Ministerio de Salud reconoce el aporte que ofrecen las comunidades indígenas para tratar enfermedades, al hacer uso de recursos naturales y rituales necesarios que dejaron heredados por los ancestros.

En el artículo 14 de la ley, se establece que el Ministerio de Salud, “en la red de unidades de servicios de salud pública, deberá incorporar en su atención, con la debida autorización de los médicos tradicionales el uso de Medicina Tradicional Ancestral. Las políticas y planes estratégicos del Ministerio de Salud se orientarán al cumplimiento de esta disposición”.

Además, se establece que deberá existir un plan para articular los métodos terapéuticos tradicionales existentes más usados en el país. El resultado de esa lista, será sometido a consulta a los pueblos indígenas y afrodescendientes para que den su consentimiento.

Esteban Pérez es el presidente del Consejo de Ancianos de la Comunidad Indígena de Matagalpa y tiene 14 años de practicar la medicina natural. “Las plantas son medicinales y al mismo tiempo son vitaminas”, reseña.

A manera de ejemplo señala a la planta de albahaca, la que combate la enfermedad del dengue. “La plantita (de albahaca) se echa siete hojitas machacada, se corta la plantita de zacate de limón y se le echa hoja de naranja agria… se hace cocimiento y se le da al paciente tres veces al día por siete día”, cuenta.

Para el ardor al orinar o “chítate” la flor de Jamaica es la que recomienda Pérez; mientras que “la valeriana” es buena para controlar los nervios, dolor de estómago: “se corta tres palitos, se lava bien, se machaca bien y se cose en medio litro de agua y son tres tomas tres veces al día”.

El indígena agarra una plantita de su “huerto medicinal”. “Esta Plantita se llama ajenjo, es buena para el aire. Se debe toma un sorbito que es para sacar el aire, cólico. Va revuelta con la albahaca y va revuelto con la hijita de Altamis”, narra y continúa Pérez “tenemos la sábila que es para las quemaduras, se pone un pedazo y se desaparece el ardor”.

La plantita de llantén es otra plana que yace en el huerto. “Es bueno para las diarrea de los niños”, expresa Pérez. Además, él señala al guapinol, que es útil para curar los riñones o infecciones renales: “se lleva cascara en un litro de agua hervida, se deja por 15 minutos, se le agrega el llantén, se le agrega la cola de caballo que es una plantita verde y se le aplica al paciente por seis días, con dos litros la persona se siente descansada”, indica.

Asimismo Pérez tiene las siguientes plantas que usa como medicinas: jengibre picante para la artritis; el culantro con jiñocuabo sirve para la anemia, la planta urosul que es buena para la sarna o infecciones en la piel, entre otras.

 

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